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Tu primera clase de gimnasia rítmica es un gran paso, y es normal sentir una mezcla de emoción y nervios. Quizás has visto a gimnastas girar una cinta o lanzar un aro y has pensado: «Yo nunca podría hacer eso». Todas ellas estuvieron alguna vez donde estás tú ahora, en un gimnasio nuevo, con un aparato nuevo en las manos. Estas son las cinco cosas más importantes que debes saber antes de entrar, y algunas historias para inspirarte.
La gimnasia rítmica combina ballet, danza, flexibilidad y manejo de aparatos, todo al ritmo de la música. Las gimnastas realizan sus ejercicios con aro, pelota, mazas, cinta o cuerda, y cada rutina mezcla saltos, equilibrios y giros con lanzamientos y recepciones. Entró en los Juegos Olímpicos en 1984 como prueba individual, y la prueba por conjuntos llegó en 1996. En clase no empezarás con grandes lanzamientos, sino con lo básico: la postura, movimientos sencillos y conocer tu aparato.
No necesitas ser flexible, fuerte ni tener experiencia para empezar. La gimnasia rítmica desarrolla todo eso con el tiempo, y tu entrenadora espera que las principiantes se sientan un poco torpes. Nadie en la sala juzga tu primer spagat o tu primera recepción, porque todas recuerdan su propio primer día.
Usa ropa cómoda que te permita estirarte y moverte con libertad, como una camiseta ajustada, mallas o pantalón corto, y una goma para recogerte el pelo y apartarlo de la cara. La mayoría de los gimnasios practican descalzos o con zapatillas suaves de gimnasia, así que pregunta qué prefiere tu clase. Lleva una botella de agua y una toalla pequeña. Evita las joyas, porque los anillos y collares pueden engancharse en una cinta o una cuerda.
Tu entrenadora empezará con un calentamiento, y esta parte es más importante de lo que parece. El movimiento suave despierta los músculos, protege las articulaciones y prepara el cuerpo para los estiramientos. Sigue el ritmo del grupo y nunca fuerces un estiramiento. Un buen estiramiento se siente como una tensión suave, y si notas un dolor agudo, es momento de aflojar y avisar a tu entrenadora.
Los aros se escapan rodando, las pelotas rebotan hacia donde no quieres y las cintas se enredan. Esto no significa que lo hagas mal, porque dejar caer el aparato es justamente como aprende todo el mundo. Cada caída enseña algo a tus manos sobre el tiempo y el control. Ríete, recoge el aparato y vuelve a intentarlo.
En este deporte el progreso llega en pasos pequeños, como un equilibrio más firme, un rodamiento más suave o una recepción que no creías posible. Fíjate en esos momentos y date el mérito que merecen. Después de la clase, tómate un minuto para pensar en algo que salió bien. Este hábito te mantiene motivada en los días en que el trabajo se hace difícil.
Las campeonas que admiras comenzaron con los mismos equilibrios temblorosos y aros caídos. Alina Kabaeva, de Rusia, ganó el oro olímpico en el concurso general en 2004 y se convirtió en uno de los rostros más reconocidos del deporte. Evgenia Kanaeva, también de Rusia, ganó el oro olímpico en el concurso general en 2008 y de nuevo en 2012, y es conocida por su estilo sereno y preciso. Las gemelas Dina y Arina Averina se convirtieron en campeonas del mundo e impulsaron el deporte hacia elementos de mayor dificultad.
Más recientemente, Linoy Ashram, de Israel, ganó el oro olímpico en el concurso general en los Juegos de Tokio, un momento que inspiró a jóvenes gimnastas mucho más allá de su propio país. Después, Darja Varfolomeev, de Alemania, se llevó el oro olímpico en el concurso general en París 2024, y demostró que lo más alto del podio pertenece a gimnastas de muchos países. Sus historias tienen algo en común: años de práctica paciente y constante, que empezaron con la misma primera clase que estás a punto de tomar.
Después de tu primera clase, algunos hábitos pequeños te ayudarán a mejorar. Estírate suavemente unos minutos en casa, bebe mucha agua y duerme lo suficiente, porque tu cuerpo aprende y se recupera mientras descansas. Anota algo que te dijo tu entrenadora, como «baja los hombros» o «estira las puntas de los pies», y acuérdate de ello durante tu día. Vuelve a la siguiente clase con esa idea, y ya llevarás ventaja.
Recuerda que la elegancia y la confianza se construyen clase a clase. Escucha a tu entrenadora, ten paciencia con tu cuerpo y disfruta de la música y el movimiento. No entras para ser perfecta, entras para empezar. Respira hondo, sonríe y pisa el tapiz.
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Por Vitalina Andrushchenko, Redactora
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